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Turismo Religioso, un viaje hecho con el alma


Parecen vacaciones, pero tienen un religioso como guía y un santuario como destino.


Y aunque a los amantes de la playa o las sierras les suene raro, en lugar de maravillarse con las cataratas del Iguazú, se conmueven con un vía crucis a miles de metros de altura. Y en vez de hacer trekking por la montaña, prefieren realizar una peregrinación para venerar al santo o a la Virgen de los que son devotos. Para ellos no importa el destino, sino estar cerca de Dios. En los últimos años cada vez más personas viajan por el mundo inspirados por su fe. Asisten a misas y oraciones masivas en lugar de excursiones, y prefieren las iglesias a los museos: son los animadores del “turismo religioso”.

La historia dice

Tierra Santa, las escenas bíblicas son en el hilo argumental de los viajes. Y no es para menos, en este territorio del Próximo Oriente nació, creció, murió y resucitó Jesús. Es por esto que viajar a Tierra Santa se ha convertido en una de las experiencias más espirituales a la vez que en un destino de turismo religioso por excelencia. Pero visitar los monumentos que reconstruyen la vida de Jesús no es lo único que uno puede hacer. Desde Jerusalén hasta Tel Aviv, pasando por Nazaret y Belén.

El Santuario de Fátima en Portugal, Nuestra Señora de Loreto y María Auxiliadora de Turín en Italia, Nuestra Señora de Lourdes y la Medalla Milagrosa de París en Francia, Nuestra Señora del Pilar y Virgen de Monserrat en España, Basílica de la Santa María Mayor en Roma, Nuestra Señora de Czestochowa en Polonia y Nuestra señora de Medjugorje en Bosnia, son parte del circuito denominado “Santuarios Marianos de Europa”.

La Ciudad del Vaticano, una ciudad estado dentro de Roma, Italia, es el hogar del Papa y es un tesoro de la arquitectura y el arte icónicos. Y lugares como la ruta del Apóstol San Pablo y las iglesias de Goreme en Turquía, Meteora en Grecia, las iglesias excavadas de Lalibela en Etiopia, la ciudad alemana de Wittenberg donde Martín Lutero inició la Reforma protestante, el mausoleo del Imán Reza octavo iman del chiismo en Irán, Templo Meiji Jingu en Japón, Templo de Sabarimala y Varanasi en India, Taktshang en Bután, Santuario de Fushimi Inari en Japón, Santuario las Lajas en Colombia, Shwedagon Paya en Myanmar, Angkor Wat en Camboya, Lumbini en Nepal.

En la Argentina la meca de los católicos es Luján, el Monte Calvario en Tandil, la Virgen de Itatí en Corrientes, la Virgen de San Nicolás en la provincia de Buenos Aires, el cura Brochero en Córdoba, la Virgen del Valle de Catamarca, la Virgen del cerro en Salta.

El Turismo Religioso es una forma de ayudar a comprender mejor el mundo tal como fue y como es hoy y las visitas a los destinos sagrados son la forma de confirmarlo. Porque la fe no solo mueve montañas sino también viajes.

Haciendo historia la religión es un conjunto de creencias común a un sinfín de culturas a lo largo de la historia de la Humanidad. Ya en el Neolítico se adoraban a dioses animistas, en la Grecia clásica se daba gran importancia al ocio, y el tiempo libre lo dedicaban a la cultura, diversiones, deporte y religión. Los desplazamientos más destacados eran los que realizaban con motivo de asistir a los Juegos Olímpicos Antiguos en la ciudad de Olimpia, a las que acudían miles de personas y donde se mezclaban religión y deporte, aunque también existían peregrinaciones netamente religiosas, como las que se dirigían a los oráculos de Delfos y de Dódona (Grecia).

Ya en la Edad Media, tanto el Cristianismo como el Islam extenderían el turismo religioso, más precisamente “las peregrinaciones” a mayor número de creyentes y los desplazamientos serían mayores. Son famosas las expediciones desde Venecia a Tierra Santa y las peregrinaciones por el Camino de Santiago (desde el año 814 en que se descubrió la tumba del santo), fueron continuas las peregrinaciones de toda Europa, creándose así mapas, mesones y todo tipo de servicios para los caminantes. En el mundo Islámico el Hajj o travesía cultural, donde La Meca es uno de los cinco , obliga a todos los creyentes a esta peregrinación al menos una vez en la vida.

Finalmente, con la llegada de la revolución industrial el turismo religioso daría origen al turismo masivo tal cual se lo conoce en la actualidad. Así como la idea de la peregrinación religiosa comienza en los albores de la humanidad, el turismo religioso es una de las primeras formas de turismo, porque hombres y mujeres han viajado desde hace siglos a los lugares sagrados, que a la vez se iban constituyendo en centros de comercialización y engranajes importantes de la economía.

Solo es cuestión de fe

Por esto el turismo religioso es la modalidad de viaje motivada por la fe, la espiritualidad, la devoción o el interés por conocer el patrimonio de arte sacro que incluye todos los credos de interés turístico. Dentro y fuera de nuestras fronteras se encuentran lugares únicos donde las creencias y la belleza artística dan lugar a monumentos que son símbolos para una religión determinada, así como para los amantes de la cultura.

Tal como subraya la Organización Mundial del Turismo, el turismo religioso no solo fomenta el entendimiento cultural sino que, con más de 300 millones de turistas a nivel global cada año, añade valor a la oferta turística de pueblos, ciudades y regiones. Como fenómeno social y económico, ha cobrado interés entre académicos y empresarios por las dinámicas que ha generado en las comunidades receptoras de visitantes. Para los primeros, el interés radica en el estudio de las motivaciones, intereses y necesidades espirituales o culturales que parecen haber despertado los centros religiosos; para los segundos, el impacto económico y las oportunidades de rentas adicionales que generan los visitantes, creando nuevas oportunidades de negocios y fuentes de ingresos y empleo para las comunidades aledañas. El turismo religioso es un fenómeno que tiene su antecedente en el peregrinaje a centros religiosos, pero donde además de las motivaciones, netamente religiosas –ofrecer un sacrificio, obtener un beneficio divino o expiar pecados–, existe un interés cultural, en términos de conocer centros históricos o profundizar sobre las raíces de un credo religioso. Adicionalmente, se observa cómo el turismo religioso se ha convertido en un motor de desarrollo económico de las ciudades receptoras de viajeros a sitios religioso.

Lo interesante es que con el transcurso del tiempo, junto a la modernidad y las redes sociales, el viajero de hoy se mete también a participar de este segmento que atrae. No solo está el que viaja por actos de penitencia, devoción, peregrinaje o cumplir con una tradición, sino el que no es tan practicante pero quiere tener una experiencia, por ejemplo de convivir con una orden religiosa, quiere saber por donde pasaron, vivieron y murieron junto a las obras que dejaron a su paso, los santos, apóstoles, discípulos, líderes religiosos y hasta el mismísimo Jesús. Y reúnen la parte religiosa, con la histórica y suma las experiencias turísticas y paseo del lugar.

Lugares sagrados por lo menos una vez en la vida

Las religiones son muchas pero hay grandes sectores que movilizan la mayoría de los fieles y turistas. El católico, el Judaísmo, el Evangélico, el Islámico y el Budismo o Hinduismo.

Todas ellas tienen en común sus lugares sagrados. Ya sea porque los han construido ex profeso o porque tienen algún significado para sus seguidores, estos lugares tienen un significado importante para los creyentes. Las diferentes religiones que han poblado la Tierra a lo largo de los siglos han dejado algunos resquicios en forma de construcciones que se deben visitar como Jerusalén, La Meca y el Vaticano por lo menos una vez en la vida. La Meca, como ya dijimos, la ciudad a la que todo musulmán tiene que peregrinar, al menos una vez en la vida. Hay otros lugares que no cuentan con tal dictamen para los creyentes de las religiones pero que son muy interesantes, además de por su significado espiritual, por el lugar en el que se levantan o por la propia construcción en sí.

Tierra Santa, las escenas bíblicas son en el hilo argumental de los viajes. Y no es para menos, en este territorio del Próximo Oriente nació, creció, murió y resucitó Jesús. Es por esto que viajar a Tierra Santa se ha convertido en una de las experiencias más espirituales a la vez que en un destino de turismo religioso por excelencia. Pero visitar los monumentos que reconstruyen la vida de Jesús no es lo único que uno puede hacer. Desde Jerusalén hasta Tel Aviv, pasando por Nazaret y Belén.

El Santuario de Fátima en Portugal, Nuestra Señora de Loreto y María Auxiliadora de Turín en Italia, Nuestra Señora de Lourdes y la Medalla Milagrosa de París en Francia, Nuestra Señora del Pilar y Virgen de Monserrat en España, Basílica de la Santa María Mayor en Roma, Nuestra Señora de Czestochowa en Polonia y Nuestra señora de Medjugorje en Bosnia, son parte del circuito denominado “Santuarios Marianos de Europa”.

La Ciudad del Vaticano, una ciudad estado dentro de Roma, Italia, es el hogar del Papa y es un tesoro de la arquitectura y el arte icónicos. Y lugares como la ruta del Apóstol San Pablo y las iglesias de Goreme en Turquía, Meteora en Grecia, las iglesias excavadas de Lalibela en Etiopia, la ciudad alemana de Wittenberg donde Martín Lutero inició la Reforma protestante, el mausoleo del Imán Reza octavo iman del chiismo en Irán, Templo Meiji Jingu en Japón, Templo de Sabarimala y Varanasi en India, Taktshang en Bután, Santuario de Fushimi Inari en Japón, Santuario las Lajas en Colombia, Shwedagon Paya en Myanmar, Angkor Wat en Camboya, Lumbini en Nepal.

En la Argentina la meca de los católicos es Luján, el Monte Calvario en Tandil, la Virgen de Itatí en Corrientes, la Virgen de San Nicolás en la provincia de Buenos Aires, el cura Brochero en Córdoba, la Virgen del Valle de Catamarca, la Virgen del cerro en Salta.

El Turismo Religioso es una forma de ayudar a comprender mejor el mundo tal como fue y como es hoy y las visitas a los destinos sagrados son la forma de confirmarlo. Porque la fe no solo mueve montañas sino también viajes.